Darío dijo:

VERSOS DE OTOÑO.

“Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma; tu mirar es tan dulce, que se torna profundo. Bajo tus pies desnudos aún hay blancos de espuma, y en tus labios compendias la alegría del mundo.

El amor pasajero tiene encanto breve, y ofrece un igual término para el gozo y la pena. Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve; hace un minuto dije mi amor sobre la arena.

Las hojas amarillas caen en la alameda, en donde vagan tantas parejas amorosas. Y en la copa de otoño un vago vino queda en que han de deshojarse, primavera, tus rosas.”

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Darío dijo:

“Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!”